Islamofobia y machismo como bases de la doble discriminación

En pleno 2022, la islamofobia y el machismo siguen encontrándose entre las carencias más evidentes de nuestra sociedad. Además, continúan siendo el origen de la mayoría de discriminaciones. Un factor que los grupos de poder utilizan a través de estereotipos eurocéntricos, racistas y machistas, para denigrar al resto de colectivos. A la ‘otra’ y al ‘otro’. “El estereotipo en manos de estados dominantes es un arma ideológica de construcción de realidades malignas y prejuicios rancios”, en voz de Jordi Ferrús, profesor de Antropología Social y Cultural en la Universidad Miguel Hernández de Elche. 

Dicho desprestigio es necesario, principalmente, para que sigan estando al servicio de las comunidades occidentales y seguir reproduciendo su inferioridad, para que éstas se refuercen en su superioridad.

No obstante, hay un colectivo concreto que es, por excelencia, el afectado número uno de la discriminación en España: toda la región árabe. En este caso, se trata de un tipo de xenofobia muy concreto que tiene nombre propio: islamofobia. Un hecho que se ve incrementado en el caso de las mujeres, que por su género son discriminadas doblemente. 

La islamofobia, el número uno entre las conductas racistas

Junto a las personas rumanas, las musulmanas copan las primeras posiciones en el último ránking de discriminación realizado por el CIS en 2016. Cuando este organismo pregunta quiénes son los inmigrantes con los que menos simpatizan los españoles, la ciudadanía responde: “marroquíes”, “musulmanes” y “árabes”.

Por su parte, la Fundación Al Fanar para el Conocimiento Árabe, que busca tender puentes de entendimiento entre esta región y Europa, ha preguntado durante sus conferencias en centros educativos, qué términos acuden a la mente del alumnado del país cuando piensan en las ciudadanas de esta región. Los términos más repetidos son “la invasión, el servicio, el terrorismo, la violencia, el fanatismo y la incompatibilidad”. En voz de las promesas del país, estos son los rasgos que definen a la población árabe desde un punto de vista europeo. A esto, el docente de la UMH, Jordi Ferrús, responde: “¿Terrorismo? ¿Las guerras e invasiones coloniales no son terrorismo? Eso es terrorismo de Estado, y occidente es experto en ello”.

Las regiones de Occidente ven el Islam como un fenómeno unitario y a sus practicantes como una masa uniforme. De acuerdo con dicho discurso, el mundo islámico, no sólo se tilda de violento sino también de inhumano, autoritario, opresor, inmutable, acientífico e incapaz de progresar. 

Una xenofobia basada en la reducción de la otra persona 

Se reduce la multiplicidad de sociedades islámicas a una única deformación y se ignora que existen estados de mayoría musulmana plurales y secularizados. Asimismo, el importante rol de sus mujeres es desconocido: en Malasia e Indonesia (estado con mayor número de musulmanes), las mujeres estudian y trabajan tal y como lo hacen en Occidente. Pakistán ha tenido una primera ministra y Bangladesh dos, contando con la actual. Las tres con velo, el símbolo de sumisión según los discursos reduccionistas. La doble vara de medir funciona así: si eres un ciudadano europeo blanco, eres percibido como un individuo concreto y tan sólo rindes cuenta de tus actos. Sin embargo, si eres o, incluso si pareces: árabe, musulmán, o ambas; serás concebido como parte de un todo y respondes por cada yihadista. Aunque no tengas relación alguna con ninguno de ellos.

Una concepción de la otra persona como ‘la diferente’, que se combina con la característica misoginia del CIS hetero patriarcado blanco, dando lugar a un entorno nada seguro para las mujeres musulmanas, árabes, etc. La situación no es sencilla para ninguno de los componentes de dicha cultura, pero la doble discriminación que sufren ellas atenta contra: derechos fundamentales, legislación en materia de igualdad de género y leyes de protección contra el racismo. Un cóctel de desigualdades que solo ellas, por desgracia, pueden entender.

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